• “Uber: El Estado contra los ciudadanos”

    Uber, la empresa que agrupa a conductores de taxis que se contratan por internet, es una de las corporaciones más exitosas del mundo. Nació en Estados Unidos y se ha extendido por todo el orbe. Está en Santiago y otras 400 ciudades, ofreciendo servicios de transporte urbano de óptima calidad y a precios más baratos que los taxis tradicionales.

    Tal ha sido el impacto de esta innovación, que en las principales escuelas de negocios de las universidades más prestigiadas se estudia el “modelo de negocios Uber” para aplicarlo a otras actividades en áreas como la salud, y la educación. Modelos similares y muy exitosos ya hay en materia de hotelería, viajes y turismo en general.

    Desde el punto de vista del usuario, el servicio es excelente. Bajando una aplicación gratis de internet e inscribiendo una tarjeta de crédito se está listo para operar. Se abre la aplicación en el celular y se pide un auto. Nunca me ha tocado esperar más de seis minutos desde el punto de partida, donde recibo prontamente la oferta de un conductor que se identifica con su nombre, modelo de auto y patente. Si acepto la oferta, puedo ver la ruta del auto hasta llegar a mi ubicación. Los conductores son muy amables y educados y ofrecen una botella de agua y algunos dulces. Los autos están impecables y generalmente son modelos recientes y todos cuentan con seguros. Terminada la carrera no es necesario tener dinero porque queda pagado por la tarjeta de crédito. El servicio en Santiago es, dependiendo de la distancia y recorrido, entre 15 y 40% más barato que un taxi normal. En otras ciudades, Miami por ejemplo, me han tocado recorridos con tarifas que son la tercera parte de las que cobra un taxi tradicional.

    La identificación del conductor, automóvil y teléfono celular queda registrada, lo que entrega una gran seguridad al usuario y es ideal para que menores se trasladen por la ciudad sin problemas de seguridad.

    Para el conductor el sistema es también muy conveniente. No es necesario que su trabajo sea full-time, él o ella decide cuando conectarse a la aplicación, lo que lo hace compatible con otras actividades como trabajo o estudio. Uber le paga semanalmente el valor de las carreras, descontando una comisión del orden de 25%. Distintos conductores con que he conversado en Santiago me señalan que ganan entre 800.000 y un millón y medio de pesos al mes.

    Como pueden ver amo a Uber, que además me permite trasladarme en la noche desde la casa de amigos o restaurantes después de tomar una o dos copas de vino, cosa que siempre hice sin hacer daño a nadie, sin peligro de ser “formalizado” y sin necesidad de portar un horrible chaleco reflectante.

    Me reconforta, además, que tantos compatriotas hayan encontrado una actividad que les permita aumentar sus ingresos, trabajando en un ambiente grato y agregando valor para sus clientes.

    Pero tanta maravilla no podía ser cierta. Me entero con inquietud que el Estado quiere entrar a regular esta actividad o derechamente prohibirla.

    Según informa el diario La Tercera en su edición de ayer hay presiones de los taxistas de Santiago, que son cerca de 24.500, para que se prohíba y se hostilice a los conductores de Uber y otras empresas similares.

    El Seremi de Transportes de la Región Metropolitana, Matías Salazar, señala que están dispuestos a conversar con la empresa Uber, “siempre que cesen inmediatamente su operación”. Agrega que en Chile usar autos particulares para hacer viajes de transporte público es ilegal y por ello el Ministerio ha realizado 30.703 controles el año 2015 aplicando multas que van desde los 677 mil pesos y retirado 2.752 vehículos de circulación.

    Salazar dice que estos vehículos “no entregan garantías a los usuarios”, si hay un accidente nadie responderá, agrega… además no existe ninguna regulación tarifaria.

    Es indignante la actuación de este funcionario, que seguramente se moviliza en un vehículo fiscal pagado por todos nosotros. Como hemos señalado este servicio es más barato, de mejor calidad y entrega mucho más garantías a los usuarios que el que entregan los taxis. Por algo ha proliferado y ya hay 25.000 conductores inscritos en Uber de los cuales hay 10.000 activos.

    Para terminar, y como guinda de la torta, SERNAC se estaría sumando a la hostilización a este estupendo servicio. Asegura que este año hay ya SIETE reclamos contra las empresas Uber y Cabify.

    Cuando uno escucha estas cosas se acuerda de aquellos que aseguran que la estupidez humana a veces no tiene límites. El transporte en Santiago es un desastre y las autoridades están preocupadas de echar a perder una de las pocas cosas que funciona bien. Cuánto bien le haría a este país  si aplicara más a menudo  esa frase que se usa en otros lados y que reza: “if it works, don’t fix it”.

     

    Columna de Luis Larraín en El Líbero

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